¡Llegué en vacaciones!

Inicio esta colaboración agradeciendo la oportunidad de compartir con ustedes a través de este espacio. Espero que a partir de ahora, hagamos un vínculo de experiencias en este viaje desconocio y emocionanate que es la crianza de nuestros hijos. Estoy segura de que compartiremos más que anécdotas y recetas: ¡bienvenidos a este nuevo formato de Modo Mamá!


Como nada en esta vida es casualidad, esta ventana se abre cuando también llegan las anheladas vacaciones escolares. Tiempo de relajar un poco los horarios, hacer planes, salir de la cotidianidad y crecer. Desde hace algún tiempo me ha gustado observar las consecuencias de las vacaciones en los seres humanos y una de ellas es el crecimiento, que no es sólo físico como claramente se evidencia en la ropa de nuestros peques y adolescentes, sino también psicológico y emocional.

En este periodo florece la creatividad, surgen ideas que llegan a convertirse en emprendimientos, tomamos decisiones que nos acercan a cambios radicales o damos el giro de timón definitivo y saltamos a lo nuevo, a lo desconocido. Quizás estas vacaciones para algunas familias también representen cambios tan radicales como una mudanza de país. Por experiencia propia les digo que emigrar es un proceso único, complejo y gratificante a la vez. Parecido a la crianza en algunos aspectos: unos días estamos felices con el resultado de nuestra decisión y otros nos estamos preguntando qué estábamos pensando cuando nos metimos en este lío.

Si la realidad familiar te lleva por estos caminos, lo mejor es escuchar a todo el que lo ha transitado. Alguna experiencia resonará contigo y se quedará ahí, dándote fuerzas cuado más las necesites. En alguna despedida me dijeron, “el éxito de la emigración es ser flexibles y adaptarnos a los cambios que vayan surgiendo en el proceso. Pretender ceñirse a un plan concreto puede dejarnos frustrados y exhaustos y no es esa la energía que necesitamos ante semejante decisión. En estos cambios, prefiere ser un bambú en vez de un roble”.

Como dice la psicoanalista y escritora venezolana Mariela Michelena, dejar la “madre patria” es una herida que nunca desaparece, a veces sana y otras veces palpita pero siempre está ahí. Yo agrego que dejar la tierra natal es un ejercicio de madurez que nos lanza a un crecimiento acelerado, tanto individual como familiar. Ante semejante cambio, todos nos hacemos más grandes ante las adversidades y hasta aprendemos a escoger no verlas así. Más bien, es una cadena de constantes oportunidades para aprender.

Tomémonos en serio el trabajo de descansar en estas vacaciones. Dediquémosle tiempo a la creatividad y, por supuesto, a nosotros mismos. Toda la familia se verá beneficiada con nuestra felicidad.

 

Vida Gaviria es mamá de tres y creadora de @Modomama 

Comments

comments

Escrito por
Más de Vida Gaviria

¿Está la regla obsoleta?

Repasemos lo que implica nuestra carga hormonal y para qué sirve
Leer más