Una historia de #SuperPapás

álbum fotográfico de tu bebé

Ana Isabel y Alejandro


Capítulo 1

Después de muchos intentos, muchos bebés

Un amigo en común, la publicidad, la ingeniería, superar la distancia y años de noviazgo fueron el terreno perfecto para que Ana y Alejandro se enamoraran y consolidaran su relación hasta llegar al siguiente paso… “queremos tener un bebé”.

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Como todas las parejas pensaron que sería cuestión de dejar de cuidarse y ¡Pum! estarían embarazados. Pero un año después de intentarlo ese momento mágico no llegaba. Entre compromisos y el trabajo fue pasando el tiempo.

El secreto de Ana y Alejandro fue su amor, su familia y, sobre todo, esa complicidad donde cada uno le daba fuerzas al otro para seguir adelante. Los dos estaban en perfectas condiciones de salud y buscaron un poco de ayuda con la ciencia. Así pasaron meses hasta que un buen día un examen de hormonas daba una esperanza y el médico les dijo: “Estás embarazada”. Ellos preguntaron, ¿está seguro doctor? Y él les respondió: “sí, escucho tres corazones latir”.

Capítulo 2

¡Son trillizos! Un embarazo retador

Había 3 cosas que eran un hecho: 1. Ana tenía en su vientre tres bolsas independientes que crecían cada día; 2. Nadie se iba a enterar hasta que estuvieran seguros de que todo estaba bien con los bebés y 3. Para siempre todo su amor, atención y energía estarían concentrados en el bienestar de sus trillizos.

Cuenta Alejandro que,“Todo el embarazo fue un reto.” En la familia de Ana ya existían unos trillizos, 3 varones, los hijos de su hermana mayor y eso dio pié a que en el momento en que le contaron a su familia cayera sobre ellos una lluvia de consejos, mitos, recomendaciones y miedos. Durante todo el embarazo escucharon: “acuérdate de que no te los vas a poder llevar a la casa inmediatamente, que cuando nazcan van a estar en terapia por semanas.” Cada examen, cada consulta, cada eco, fueron momentos de angustia esperando que todo estuviera bien.

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Ana siempre se comunicó con sus hijos. En una oportunidad uno de ellos estaba posicionado muy abajo del vientre haciendo presión. No llegaba a las 25 semanas de embarazo y el médico le dijo que no iba a aguantar mucho más tiempo si el pequeño no subía a colocarse con sus hermanos. Ana comenzó a hablarle y a cantarle “sube, sube, sube, baja hasta las nubes” y en el siguiente chequeo los 3 bebés estaban arriba fuera de riesgo.

Llevar siempre en la cartera una foto con el eco que comprobaba que eran tres bebés para que en los establecimientos les permitieran comprar más de lo que estaba permitido por persona se convirtió en rutina. Preparar medicinas, pañales, coche, y ropa multiplicado por 3 fue parte del proceso. Tener un embarazo sin complicaciones, sin malestares y poder disfrutarlo al quinto mes, fue una bendición. Al fin llegó la semana 34.

Capítulo 3

¡La bienvenida!

12 de diciembre del 2014. Semana 34 del embarazo. Día de la cesárea.

Ana llorando y con insistencia lo únicoque preguntaba era: “¿Están bien, están completos? ¿Tienen todos los dedos de la mano? ¿pero están bien?”. Su prima que es médico le respondía sin cesar: “Sí Ana están bien, están sanos”. Entre el llanto y las preguntas Alejandro filmaba con el teléfono. Cada vez que salía un bebé iba haciendo un chequeo mental, esperando que respirara, que llorara, que tuviera todos sus deditos completos y mientras todo esto pasaba se escuchaba a una enfermera diciendo: ¡Pero son muy grandes!.

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Sí, a pesar de ser prematuros desde el nacimiento fueron grandes y sanos, no tuvieron que pasar por terapia intensiva. Alejandro los pudo ver y cargar el primer día y sólo hizo falta un fin de semana para que Arantza, Enrique y Santiago llegaran a su nuevo hogar. De un momento a otro la familia Quintero Fayad dejó de ser 2 para convertirse en una de 5.

La primera semana se quedaron solos. Por lo general todo el mundo tiene a alguien que lo ayude los primeros días, pero sus familiares tuvieron que irse pronto. Muy rápido estos súper papás se hicieron cargo de todo, la conexión con los trillizos fue inmediata. Se pueden leer y escuchar muchas cosas, pero la realidad es que cuando lo vives entiendes cada detalle. Alejandro y Ana instintivamente supieron qué necesitaban sus hijos, cómo satisfacerlos, encontraron la manera de tranquilizarse, nunca entraron en pánico y desde el primer momento supieron establecer su dinámica en armonía. Los siguientes meses serían un poco diferentes.

Capítulo 4

¡Súper poder de pulpo y ultra sonido actívense!

Despertar y darte cuenta que le estás sacando los gases a la almohada, hablar dormidos a media noche, anotarlo todo para no leer nada, nunca dejarlos solos en la cama, ni en ningún lado, tener siempre una copia de la partida de nacimiento para ir al mercado, despertar al mismo tiempo, comer al mismo tiempo, jugar al mismo tiempo, hacer n°2 al mismo tiempo, así es la vida de padres caóticamente hermosa de Ana y Alejandro.

Cuando uno de los trillizos llora, Alejandro tiene el súper poder de saber cuál de los tres es sin ni siquiera verlos. Cuando los trillizos tienen hambre Ana tiene la súper habilidad de preparar la comida y dársela a los 3 al mismo tiempo sin despeinarse. Cuando llega la hora de dormir dejan a Santiago en el corral, mientras papá baña a Enrique y al terminar mamá le pone la pijama y le da las medicinas a Arantza y así sucesivamente todos los días.

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Lo más divertido de esta familia son sus salidas a los centros comerciales. Nunca faltan las siguientes preguntas de los desconocidos, en especial de señoras desconocidas:

“¿Andan solos?”

“¡Imagino que tienen una enfermera que los ayude!”

“¿Son suyos? ¿Son trillizos? ¿En serio?”

“¿Cómo hacen?”

“¿No es difícil?”

Una vez incluso les dijeron: “¡Ay, pero son bonitos!”

Ante todas estas preguntas, los súper papás lo que hacen es reírse y con simpatía contestan: “Claro es fuerte, pero siempre hemos sido padres de 3, no sabemos lo que se siente ser padres de un sólo bebé, para nosotros estar con los 3 es lo normal.”

Capítulo 5

Un día a la vez y damos gracias

Arantza, Santiago y Enrique cambiaron todo lo conocido y lo posible para Ana y Alejandro.

Para la mamá se acabaron los baños largos, con espuma, sales y tiempo para consentirse. Nunca se había visualizado como ama de casa, toda su vida había trabajado, ahora lo está considerando. A veces extraña las salidas en pareja y los viajes a la playa.

Por su lado el papá decidió trabajar desde la casa, con la suerte de tener esa posibilidad y sólo asiste a reuniones cuando es necesario. El tiempo de televisión y series es historia pasada. Las salidas en bicicleta y al Ávila cada vez son más escasas.

A pesar de los sacrificios #SuperMamá y #SuperPapá están tranquilos. Cuentan con emoción que después del maratón del día, la mejor recompensa es ver la sonrisa de sus bebés y escucharlos reír a carcajadas en las noches entre sueños. Lo único que pueden pedir es que estén sanos.

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Para Alejandro que sus hijos crezcan rodeados de su familia es fundamental en su formación como seres humanos, siempre y cuando estén las condiciones dadas. Hasta ahora el plan ha sido quedarse cerca de la familia.

“Al final si esperas mucho y buscas el momento ideal nunca van a ser las condiciones perfectas para ser padres. Así que moraleja: no esperes”. Ese es el consejo que nos dejan estos padres al final del día y nos revelan su secreto de súper mamá y súper papá de los trillizos: “El truco es vivir un día a la vez y cada día le damos gracias a Dios por eso.”

 

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