La Navidad, la Esperanza y Felicidad

family preparing for Christmas at living room

Son posibles incluso en un país en profunda y dolorosa crisis como lo es Venezuela


Viene a mi memoria la Navidad en la que hice mi pasantía como pastelera, y recuerdo la sonrisa y alegría contagiosa de la negra Mercedes, mi mejor maestra. Ella, una mujer de origen sencillo, de escasos recursos económicos, pero de una riqueza infinita en el alma, fue a quien recordé cuando buscaba motivo de Felicidad.

En medio de la dificultad; ella tenía lo que César Landaeta (colega, compañero de trabajo y autor de varios libros entre los cuales está: “Como Mandar la Gente al Carajo en 10 Fáciles Lecciones”) llamaba una burbuja personal. Esa burbuja imaginaria la podemos crear para protegernos mentalmente y abrir un espacio para el disfrute de lo que sí tenemos y debemos cuidar; para algunos, una relación de pareja, hijos… cualquier cosa que atesoremos en nuestra vida podemos preservarla.

La realidad país está ahí, no necesitamos cargarla encima de casa, aunque al abrir la nevera tropecemos con ella. Hagamos un acuerdo interno y con nuestros seres queridos de hacer pequeños paréntesis; otorguémonos el permiso del disfrute de la compañía, de la intimidad, del buen humor… Dejemos la dificultad fuera de la burbuja. A veces nos lo limitamos porque, sin darnos cuenta, creemos que disfrutar es negar la realidad y no es así. Podemos ampliar nuestra realidad considerando lo bueno y enfocándonos voluntariamente en ello, para darnos un respiro.

Cierto es que la realidad externa, la de nuestro país es dolorosa, tan indigesta como comer harina de trigo cruda, pero así como ésta, al mezclarla con huevos, leche, azúcar y cocinarla puede transformarse en una deliciosa y nutritiva torta, así podemos hacer de provechosa nuestra realidad. Esos ingredientes que lucen escasos y que la convierten en un buen alimento, parten del hecho de tener muy claro que lo que queremos en la vida es sentirnos felices.

Entonces cobra sentido ver más allá de lo que sucede y comenzar a darle peso a lo que hacemos con lo que sucede; darle la vuelta a la realidad que nos afecta, pensar ¿qué puedo aprender de esto? ¿Para qué me sirve intentar convertir la experiencia en algo con sentido en mi vida?

Siempre tengamos presente nuestro sueño de vida, y aunque luzca lejano e imposible, tomemos nuestras  decisiones contemplándolo, y escojamos aquellas que nos acerque más a él (no importa tanto lograrlo, sino estar en camino). Éste debería formar parte de nuestro proyecto de vida y construirlo a mediano-largo plazo debe ser nuestro horizonte en la cotidianidad.
En momentos difíciles o críticos, no está demás el recuerdo

Fortalecer nuestra burbuja personal con un una memoria de un lugar y situación con lujos de detalles, en el que nos hayamos sentido seguros, plácidos, a gusto. Respirar profundamente y concentrarnos en la cadencia -como recomiendan los expertos en Yoga- y cuando baje la tensión re-conectarnos con nuestro sueño, la visión de vida, el proyecto y seguir andando.

Después de haber tenido lo que los Venezolanos hemos tenido, la falta es una oportunidad para la creatividad; es decir, partir de lo conocido, hacer algo nuevo que vaya más allá. Como ejemplo podemos tomar el caso de nuestras comidas navideñas.

Tuve oportunidad de asistir a un conversatorio en el que @Dicarladisimone comentó que en talleres que ofrece de la mano de #FundacionEmpresasPolar en comunidades de bajos recursos, hacen 60 hallacas con un kilo de harina precocida y 2,5kg de apio. Igualmente un guiso con ligeras variantes que permiten reencontrarse con la tradición e innovar dando solución a la necesidad de alimentarse y al deseo de disfrutar de la tradición. ¡Quién busca encuentra!

Agradezcamos el alimento que sí tenemos y hemos tenido en nuestra vida

Agradezcamos incluso la partida de nuestros seres queridos, porque si bien los extrañamos, y en momentos nuestra tierra patria nos resulta tan ajena como si hubiésemos emigrado, con su partida ellos abren puertas y se labran nuevas oportunidades; enriquecen su alma con nuevas experiencias y fortalecen las raíces de su corazón al reconocerse en el nuevo medio.

Podemos agradecer esa desolación que a veces sentimos, su ausencia, porque con ella logramos valorarlos mucho más que cuando los teníamos cerquita, con su partida podemos encontrar en nuestro quehacer aquello de ellos que ya es parte de nuestra forma de ser y hacer las cosas, reconozcamos su valor. Lo que vivimos está muy lejos de nuestro ideal, pero es una oportunidad para flexibilizar nuestra visión y convertirla en un superalimento para hacernos resilientes.

Recordemos que la frustración es como la sal de la vida, preparamos una sopa deliciosa y se nos pasa la mano de sal (de frustración) ¿Qué vamos a hacer, botarla? No, vamos a partir  de lo que ya tenemos y complementaremos con nuevos y buenos ingredientes. La sopa que era para 5 personas, ahora es para 15. Busquemos dentro y fuera de nosotros lo que sí es bueno, lo que sí funciona, lo que sí queremos, una y otra vez. Y acerquémonos a lo inevitable y crudo de la realidad de la misma forma en que nos acercamos a un trozo de pollo crudo, primero lo cocinamos con buenos aliños, no dejemos que nos caiga de golpe como a veces pasa con las noticias o comentarios de la gente.

En este sentido, para una Navidad con esperanza, leamos chats en los que se conversa sobre la situación país con precaución, la misma que utilizaríamos al comernos un pescado con espinas. Todos tenemos necesidad de drenar y manifestar lo surrealista que nos resulta la situación, pero al leer las manifestaciones de otros sin ningún tipo de filtro, lejos de permitirnos drenar, lo que nos lleva es a sumergirnos en el dolor y malestar que nos aleja del podernos sentir felices. La tristeza puede llegar a ser como la telaraña que atrapa la a presa…

Finalmente, es momento para valorar la Navidad en su más pura esencia. Ya no se trata de dar regalos materiales, se trata de dar lo que realmente consideramos importante. Es el momento de entrar en contacto con los valores auténticos, con la manifestación del amor en nuestra cotidianidad.

Decorar la casa con lo que tenemos, hacer manualidades sencillas con nuestros hijos, cocinar con ellos platos sencillos son oportunidades para fortalecer los vínculos y esto se convertirá en experiencias que atesoraran en su corazón.

Es momento para cultivar y fortalecer la espiritualidad.

Les deseo salud y bienestar siempre
Anabella Barrios Matthies
Psicóloga de Profesión – Pastelera de Corazón

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