¿Cómo tomar decisiones de vida?

mayor debilidad

Hay momentos en la vida en los que nos encontramos en una suerte de encrucijada y no sabemos qué hacer. “Y si hago esto, entonces… ¡Ay! Pero ¿si hago lo otro? Pueden ser tantas las ideas que simplemente no nos caben en la cabeza y realmente no logramos pensar. Nos quedamos como atascados en medio del lodo mental que nos produce la ansiedad de tomar decisiones de vida tan importantes como: ¿Emigrar o quedarnos en nuestro país? ¿Terminar con una relación o seguir? ¿Tener o no tener hijos? ¿Comernos o no la galleta que tanto nos gusta? En fin, desde lo más trascendental hasta lo más cotidiano puede llevarnos a partirnos la cabeza.


Existe un método seguro que nos libera de futuros arrepentimientos a pesar de las consecuencias que tengan nuestros actos y es el método de la Alineación con el Proyecto de Vida. Alinearnos es dirigir el timón hacia la isla u orilla a la cual soñamos llegar.

Lo primero es saber a dónde queremos ir, (puede que nunca hayamos estado ahí, pero fantaseamos). Ese es nuestro proyecto de vida, tenerlo es mucho más simple de lo que parece, y quizá más profundo de lo que las preguntas a plantearnos sugieren.

¿Cómo tomar decisiones de vida?

La toma de cualquier decisión en nuestra vida, si queremos aprovecharla y sentir que la hemos vivido a lo Frank Sinatra en “My Way“, supone que nos detengamos un instante para hacer un bosquejo de nuestro proyecto. Así como preguntarnos  ¿Cuál es mi sueño? Ese que me hacía desvelarme en la adolescencia o incluso en la niñez; o ¿Qué sueño hoy? Aunque luzca imposible.

Más importante que la respuesta, es el plantearnos la pregunta una y otra vez. Que hagamos el streching mental en el intento de encontrar la respuesta, que movamos la mente en esa dirección.  Mientras no tenemos esa respuesta, podemos orientarnos teniendo claro que lo que queremos es sentirnos felices la mayor parte del tiempo.


Si nos hace sentir mal y amargados, aunque esa sea la decisión aparentemente más razonable o viable en el momento, ese no es el camino; si al imaginarnos nos sentimos bien, quiere decir que se encuentra alineado con nuestra esencia y proyecto de vida. Y por ahí nos acercamos más a lo que realmente deseamos.

Por ejemplo: “Me como una galleta o la mandarina? Ponemos una visión sobre el horizonte ¿Qué me hace feliz? Ser flaca; qué me acerca más a ser flaca, la mandarina, ahí está la decisión ¡Ah! Pero es que estoy despechada, tuve un día muy fuerte de trabajo y si bien quiero ser flaca, merezco un gustico, la respuesta es la galleta.

Sacrificios

La contemplación y consideración de lo que es importante para nosotros hace que el esfuerzo y los sacrificios se hagan más ligeros; y que asumamos las consecuencias de nuestra escogencia como si fuesen el gas del refresco que nos tomamos… simplemente vienen al tomar decisiones de vida.

Ninguna respuesta o decisión tiene que llevarnos en sí al destino deseado; solo debe estar alineado, acercarnos más a él. No se trata de si es posible o no en la realidad actual, se trata de ir haciéndolo posible a partir de la realidad actual.

Conversar con amigos ayuda; pero la última palabra siempre es nuestra.

¿Para qué es la vida si no es para ser feliz? Es posible que no nos sintamos felices todo el tiempo y eso es normal; pero con seguridad sentiremos mayor bienestar si somos nosotros mismos, lo buscamos  con paciencia y persistencia.

Lo que hace feliz a cada quien es muy particular e íntimo, tan particular como lo es la elección de un perfume. Las decisiones trascendentales requieren de lo mismo, y las consecuencias son mayores. En momentos, optar por la ayuda de un profesional para ver bien las cartas sobre la mesa tiene sentido, valemos el esfuerzo.

¡Les deseo felicidad, bienestar y salud!

Anabella Barrios Matthies
Psicóloga de Profesión – Pastelera de Corazón / Síguela por @psicocina

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