Sentirnos bien en nuestra propia piel

Desde pequeñas vemos cómo quienes son más lindas son siempre el centro de atención: son las madrinas de deporte, las elegidas para el acto, las que reciben flores y hasta las que la maestra prefiere peinar. Al mismo tiempo también escuchamos que lo verdaderamente importante es la belleza interior y el máximo desarrollo de nuestros talentos y que la belleza externa es algo banal.


Según estas máximas que muchos practican e inculcan, las “bellas” no tienen que preocuparse por crecer internamente ya que pueden conseguir lo que quieran con su físico, y las “feas” tienen que preparase y cultivar su personalidad “porque no les queda más remedio”.

¿No sería mejor que todas quisiéramos ser buenas personas, exitosas gracias a nuestro esfuerzo y talentos y que además nos sintiéramos satisfechas cuando nos miramos al espejo? Seguramente sí, pero no es tarea fácil.

La veterana que deslumbra con su belleza eterna, la joven de rostro angelical, la bomba sexy, la vecina fitness, la de talla plus y rostro perfecto… Siempre hay alguien con quien compararnos y contra quien sentimos que perdemos.

La psicóloga chilena Pilar Sordo llama a ese esquema mental ideal que una mujer tiene sobre cómo debería ser su cuerpo “pensamiento mágico”. Y sugiere que este puede ser determinante en el modo en cómo nos relacionamos frente a lo erótico, a lo sexual, al otro, pero también frente a nosotras mismas y a otras mujeres.

Dice esta psicóloga que todas, en menor o mayor medida, tenemos esta estructura y que ella nos dificulta la posibilidad de sentirnos contentas con lo que tenemos y nos deja centradas en aquello que nos está faltando.

En su libro Lecciones de Seducción, Sordo ofrece un programa para conocerse, cuidarse y aceptarse, no sólo para seducir a otros, sino para seducirnos a nosotras mismas, y de alguna forma trabajar ese “pensamiento mágico”. Acá algunas de sus claves:

-El autoconocimiento: para poder aprender a quererse, hay que saber quién es una. Toca preguntarnos: qué nos gusta, qué no, qué queremos, qué tenemos, qué estamos dispuestas a hacer y en qué no cederemos.

-La autoaceptación: esto pasa por reconocer y asumir lo que no podemos cambiar e intentar establecer estrategias para lo que sí es modificable dentro de nuestras posibilidades.

-Querernos con lo que aceptamos: luego de autoconocernos y aceptarnos surge la necesidad de desarrollar las características positivas, potenciarlas y hacerlas crecer, así como hacer que se noten menos los aspectos negativos que podamos tener.

-Mirarnos al espejo: “Embriágate con tu historia, con tus arrugas, con tus curvas y con las que no lo son tanto. Acéptate, quiérete y muéstrate al otro. Y si no hay otro, no hagas este trabajo pensando en cuándo llegará, sino como un regalo de autoconocimiento”. Sugiere hacerlo con ropa, luego en ropa interior y finalmente, desnudas. Observarnos y escucharnos sin juzgarnos y luego anotar lo que nos dice nuestro cuerpo.

Vale subrayar el consejo de sentarnos a escribir eso que nos dice nuestro cuerpo. Ya que puede ayudarnos a aprovechar mejor el ejercicio, no sólo para conocernos mejor sino para encontrar respuestas y crear nuestras propias estrategias.

Todas tenemos el derecho de convertirnos en la mejor versión de nosotras mismas, por dentro y por fuera. Sentirnos bien en nuestra propia piel es esencial para nuestro bienestar.

Imagen tomada del cortometraje animado Una Mujer Frente al Espejo

 

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