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Emigrar contracorriente - Emedemujer VE

Ser Padres

Emigrar contracorriente

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Las distintas especies de aves tienen rutas y momentos naturales para sus viajes migratorios.  Son comportamientos adquiridos gracias a la repetición de muchas generaciones anteriores que han transferido en su memoria lo que se espera en ciertos momentos del año.  Son viajes circulares de ida y vuelta con el propósito de reproducirse, fortalecer a sus crías lo suficiente para emprender el viaje de regreso y retornar en bandada a la tierra natal.


También hay viajes inesperados, que rompen la bitácora cuando un grupo se ve amenazado por cambios climáticos, depredadores en el ambiente, escasez de alimentos o desastres naturales.  Estos viajes no se planifican, a veces no se hacen en grupo, se emprenden por la sola necesidad de sobrevivir y generalmente son para radicarse en un nuevo territorio.

Igualmente las aves dedican un buen tiempo enseñando a sus crías a volar, a salir del nido, conseguir alimento y luego volver a él.  Lo natural es que en algún momento, esos pichones emprendan el vuelo como adultos y comiencen de nuevo el ciclo reproductivo en el que ahora serán ellos quienes enseñen a la nueva generación.

Para este momento, la generación anterior, es decir, las aves ¨abuelas¨ posiblemente sigan con vida observando de cerca cómo ahora sus hijos ejercen el rol de adultos criadores. Sin embargo, sucede que en inesperadas ocasiones las aves se alarman por un peligro inminente y empujan a sus crías fuera del nido acelerando su proceso de vuelo sólo para salvarlos.  Si el árbol se está cayendo y el refugio está en peligro, los padres urgirán a sus hijos a salvarse así tengan que separarse por una emigración temprana y para siempre.

Es así como los padres  a veces tenemos que tomar una de las decisiones más adultas de nuestras vidas y que cambiará radicalmente el destino familiar.  Emigrar, alejarse de las raíces, desarticular los encuentros familiares, acoger a los amigos como la nueva familia, hacer de la cultura que nos recibe una adaptación digerible que celebremos con respeto y agradecimiento y posiblemente, algún día, con sensación de pertenencia; es definitivamente un ejercicio de madurez que quizás nunca pensamos transitar.

Es por esto que en épocas de celebraciones, como la Navidad, quienes hemos emigrado sentimos el árbol cimbrarse nuevamente, pero esta vez no por posibles peligros que lo amenacen, sino por la falta del trino familiar que nos haga sentir en el hogar. Repetimos nuestras tradiciones para que nuestros hijos no las pierdan y hacemos el inmensurable intento de extender las raíces del árbol original para que alcancen la nueva morada.  Las nuevas generaciones lo agradecen y nosotros sentimos esa tibieza en el corazón que nos recuerda que aún lejos, seguimos perteneciendo a esa familia, a esas costumbres y a esa tierra.

 

Imagen: tuvidaendosmaletas.com

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Vida Gaviria

Creadora de Modo Mamá, un espacio de apoyo para madres, padres, educadores y demás relacionados en el proceso de crianza. Madre de 3, licenciada en idiomas, educadora y locutora. Vida es autora del calendario Lonchetips que incluye 200 recetas y tips para preparar loncheras para niños. Además tiene espacios de radio en Venezuela y República Dominicana.

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