Rescatemos los buenos modales

terapias para superar problemas psicológicos

Salir a la calle y soportar desmanes se ha vuelto una misma cosa. El comportamiento colectivo es una caimanera en la que competimos a ver quién gana con lo peor que cada quien tiene.


 

Los espacios públicos están convertidos en la vitrina donde exhibimos nuestra descortesía, ordinariez, ausencia de buenos modales, desconsideración con los demás e irrespetos a las normas sociales básicas que regulan el comportamiento ciudadano para que vivamos en términos civilizados.

Es un abuso de confianza llamar “mami, doñita, gordo, amiga, mi amor”, cuando nos dirigimos a desconocidos; lo correcto es: señor, señora, señorita. “Buen día, con su permiso, por favor, gracias, en qué puedo ayudarle, tendría la amabilidad de…, lo lamento, disculpe”, son frases que contribuyen al trato cortés que todos nos merecemos, no cuestan nada y nos ganan la buena voluntad de quien nos escucha.

Cuando entremos a una oficina, a un consultorio, saludemos aunque no conozcamos a los presentes; moderemos el volumen de la voz, sobre todo cuando hablamos por el celular, limitemos el uso del mismo mientras estemos en el lugar. Cuando caminemos por las aceras conservemos nuestra derecha. Si vamos más de tres personas juntas o nuestro ritmo es lento, no nos apoderemos de la acera, transitemos de modo que no impidamos el paso de los peatones que necesitan ir más rápido.

Escupir en el piso, orinar en la calle; sonarse la nariz, toser o estornudar ruidosamente y sin taparse, es antihigiénico y de pésima educación. Crucemos las calles en los rayados peatonales. No dejemos basura a nuestro paso. En salas de cine, conciertos o teatros, llegar con puntualidad, respetar la fila mientras toca el turno de entrar, buscar el asiento asignado con prontitud, apagar el celular, hablar en voz baja mientras comienza el espectáculo y guardar silencio al comenzar el mismo; no golpear con los pies el asiento del que está adelante y evitar levantarse mientras dure la función para no molestar a los otros espectadores.

Desde niñas se nos enseña que por higiene no debemos sentarnos cuando usamos un sanitario público, si todas limpiáramos con un papel lo que salpicamos, los baños de damas no serían lo pestilentes que son, aún en aquellos donde una empleada trata de mantenerlos, labor imposible de lograr sin nuestra colaboración. Como a veces no están dotados de papel ni de jabón, conviene llevar siempre en la cartera. Debemos envolver en papel las toallas sanitarias y tampones usados antes de tirarlos al cesto de basura. Y al terminar de lavarnos las manos, sequemos con papel el agua que derramamos sobre el tocador.

No seas tú la primera en ensuciar. Como mujeres, sabemos lo chocante que es limpiar la porquería que dejan otros. Eduquemos a nuestros hijos para que aprendan en el hogar a ser los ciudadanos civilizados que tanto necesitamos en nuestro país.

1
like
0
love
0
haha
0
wow
0
sad
0
angry
Comments

comments

Escrito por
Más de Silvia Mago

La palabra empeñada

¿Por qué no la cumplimos?
Leer más